
Biografías
Vincent van Gogh: el pintor que heredó un nombre y fundó un mito
Pintó cerca de 900 cuadros en apenas una década, vendió solo uno en vida, y su muerte en 1890 sigue sin estar completamente resuelta.

Pintó cerca de 900 cuadros en apenas una década, vendió solo uno en vida, y su muerte en 1890 sigue sin estar completamente resuelta.
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Un recorrido por la gestación, el sentido y la recepción de Los comedores de patatas, la obra con la que Vincent van Gogh, antes de descubrir el color, decidió que la pintura debía honrar la dignidad del trabajo manual.

Pintor, inventor, anatomista, ingeniero. Leonardo da Vinci encarnó como nadie el ideal renacentista del saber sin límites, dejando una huella que todavía hoy sigue desafiando a la ciencia y al arte.

Un examen exhaustivo sobre la ingeniería de capas del sfumato, el estudio óptico de la sonrisa, el azaroso trasfondo histórico de sus traslados y los análisis científicos modernos que han convertido a la Mona Lisa en el objeto de estudio más escrutado de la historia del arte.

Bellini reunió a la Virgen, un grupo de santos de identidad incierta y varios niños en una terraza junto a un lago, en una de las composiciones más herméticas del Renacimiento veneciano. Cinco siglos después, su significado exacto sigue sin resolverse.

Pintada en el asilo de Saint-Rémy-de-Provence en junio de 1889, La Noche Estrellada transforma la vista real de una ventana con barrotes en una de las visiones cósmicas más intensas de la pintura moderna. El propio Van Gogh, sin embargo, nunca llegó a apreciarla como una de sus mejores obras.

En una gruta bañada por una luz sin origen visible, cuatro figuras se comunican mediante gestos y miradas antes que por símbolos religiosos, en una obra cuya composición, simbolismo y técnica redefinieron la pintura del Renacimiento italiano.

Pintada en la Bauhaus de Weimar en 1923, Auf Weiss II condensa el giro de Kandinsky hacia la geometría suprematista sin abandonar la carga simbólica que había definido su pintura desde una década antes. La obra articula así un punto de equilibrio entre el rigor de la vanguardia soviética y la dimensión espiritual de su teoría del color.