Biografías
Georg Wilhelm Friedrich Hegel y la arquitectura filosófica de la historia
Un recorrido por la vida de Georg Wilhelm Friedrich Hegel, desde su formación en el Stift de Tubinga hasta su consolidación en Berlín, siguiendo el desarrollo del sistema filosófico que transformó la comprensión moderna de la historia, la razón y el Estado.

En las últimas décadas del siglo XVIII, los ducados y principados alemanes vivían un fermento intelectual que contrastaba abiertamente con su fragmentación política, un mundo de pequeñas cortes y universidades provinciales donde, sin embargo, se gestaba buena parte de la filosofía que definiría el pensamiento europeo del siglo siguiente. En el Ducado de Württemberg, dentro de una familia de funcionarios protestantes al servicio de la administración ducal, nació el 27 de agosto de 1770, en Stuttgart, quien terminaría por ofrecer la síntesis más ambiciosa jamás intentada entre la razón filosófica y el devenir histórico, Georg Wilhelm Friedrich Hegel.
Su padre, Georg Ludwig Hegel, ejercía como secretario de hacienda en la corte de Württemberg, mientras que su madre, Maria Magdalena Louisa Fromm, procedente de una familia con formación jurídica, murió en 1783 víctima de una fiebre epidémica que también puso en riesgo la vida del propio Hegel, entonces de trece años. Cursó estudios en el Gymnasium illustre de Stuttgart, donde desarrolló desde temprano el hábito, que conservaría toda su vida, de resumir y clasificar minuciosamente sus lecturas en cuadernos de excerpta, una disciplina de trabajo que anticipa ya el afán sistemático de su filosofía madura.
En 1788 ingresó en el Stift de Tubinga, el seminario protestante donde debía formarse como pastor según el anhelo familiar, aunque mostró desde el principio escaso entusiasmo por esa vocación eclesiástica. Allí compartió alojamiento y una intensa amistad intelectual con dos compañeros que alcanzarían también un lugar destacado en la cultura alemana, el poeta Friedrich Hölderlin y el filósofo Friedrich Wilhelm Joseph Schelling, cinco años menor que Hegel pero ya entonces un prodigio precoz. Los tres compartieron el entusiasmo inicial por la Revolución francesa de 1789, cuyos ecos discutían con avidez junto a la lectura de Kant y de Rousseau, en un ambiente que la posterior tradición académica recordaría, no sin cierta idealización, como el germen del idealismo alemán.
Tras concluir sus estudios en 1793 con una calificación que sus examinadores juzgaron notable en teología y filología, pero mediocre en filosofía, detalle que la posteridad no ha dejado de señalar con cierta ironía, Hegel se ganó la vida durante casi una década como preceptor privado de familias acomodadas, primero en Berna, entre 1793 y 1796, y después en Fráncfort, adonde se trasladó en 1797 por mediación de Hölderlin. Durante esos años, conocidos entre los especialistas como el periodo de Berna y Fráncfort, Hegel redactó una serie de manuscritos sobre teología y política que permanecieron inéditos hasta que el filólogo Hermann Nohl los publicó en 1907 bajo el título de Escritos teológicos de juventud, y en los que ya pueden rastrearse las preocupaciones por la relación entre la religión positiva y la libertad del espíritu que ocuparían toda su obra posterior.
Los años de Jena
En 1801 Hegel se trasladó a Jena, entonces uno de los centros filosóficos más activos de Alemania, donde ya enseñaba su precoz amigo Schelling. Obtuvo la habilitación con una disertación en latín sobre las órbitas planetarias, texto que ha suscitado cierta controversia historiográfica por un pasaje en el que Hegel parecía descartar, mediante argumentos puramente especulativos, la existencia de un planeta entre Marte y Júpiter, apenas meses antes de que la observación astronómica confirmara el descubrimiento del asteroide Ceres en esa misma región del sistema solar. Como docente privado sin salario fijo, Hegel colaboró con Schelling en la edición de la Revista crítica de filosofía, colaboración de la que fue distanciándose a medida que perfilaba un sistema propio, cada vez más alejado de la filosofía de la identidad de su antiguo compañero de seminario.
Esa etapa de maduración culminó en la Fenomenología del espíritu, obra que Hegel terminó de redactar en circunstancias extraordinarias, en medio de la campaña militar que llevó a Napoleón a ocupar Jena en octubre de 1806, en vísperas de la batalla que enfrentaría a las tropas francesas con el ejército prusiano. En una carta a su amigo Friedrich Immanuel Niethammer, fechada el mismo día en que vio pasar al emperador francés por las calles de la ciudad, Hegel dejó constancia de la impresión que le produjo aquel encuentro.
«He visto al emperador, esa alma del mundo, cabalgar a través de la ciudad»
La derrota prusiana y el cierre temporal de la universidad sumieron a Hegel en una grave crisis económica, agravada por el nacimiento, ese mismo año, de un hijo, Ludwig, fruto de su relación con su casera, Christiana Burkhardt, al que Hegel reconocería y acogería en su hogar años más tarde. Sin perspectivas de continuidad académica, aceptó en 1807 la dirección de un periódico en Bamberg, empleo que desempeñó durante poco más de un año antes de obtener un puesto más acorde con su formación.
La consolidación del sistema
Entre 1808 y 1816, Hegel ejerció como rector y profesor de propedéutica filosófica en el Gymnasium Aegidianum de Núremberg, encargado de introducir a los alumnos de enseñanza secundaria en los rudimentos de la lógica y la filosofía del espíritu. Ese periodo, aparentemente alejado del ambiente universitario, resultó extraordinariamente fecundo, ya que en él redactó y publicó, en tres volúmenes sucesivos entre 1812 y 1816, la Ciencia de la lógica, fundamento especulativo sobre el que se apoyaría el resto de su sistema. En 1811 contrajo matrimonio con Marie von Tucher, perteneciente a una familia patricia de Núremberg, unión de la que nacieron dos hijos, Karl e Immanuel, y a la que se sumó también Ludwig, el hijo habido años atrás en Jena.
La estabilidad económica y familiar alcanzada en Núremberg le permitió regresar a la universidad en 1816, esta vez como catedrático de filosofía en Heidelberg, donde publicó al año siguiente la Enciclopedia de las ciencias filosóficas, una exposición condensada de la totalidad de su sistema, organizada en las tres grandes divisiones de la lógica, la filosofía de la naturaleza y la filosofía del espíritu, concebida expresamente como guía para sus cursos universitarios.
En 1818, por invitación del ministro prusiano de instrucción pública, Karl von Stein zum Altenstein, Hegel ocupó en la Universidad de Berlín la cátedra que había quedado vacante tras la muerte de Fichte, convirtiéndose durante la siguiente década en la figura filosófica dominante de Prusia, con aulas abarrotadas y una influencia que se extendía mucho más allá del ámbito académico. En 1820 publicó los Fundamentos de la filosofía del derecho, obra en la que formuló una de sus tesis más discutidas, la identidad entre lo racional y lo efectivamente real.
«Lo que es racional es real, y lo que es real es racional»
Esa fórmula, con frecuencia leída como una justificación filosófica del statu quo político prusiano, ha sido objeto de discrepancias historiográficas persistentes. El propio Karl Popper la convirtió en blanco de su crítica al totalitarismo en La sociedad abierta y sus enemigos(1945), mientras que buena parte de la filología hegeliana posterior, con autores como Allen Wood, ha sostenido que el término alemán Wirklichkeit no designa la mera existencia empírica de un régimen dado, sino una actualidad racionalmente articulada que puede coexistir con la crítica de instituciones concretas, de modo que la fórmula resultaría menos conservadora de lo que su lectura más difundida sugiere. En el prólogo de esa misma obra, Hegel resumiría además el alcance necesariamente retrospectivo de toda filosofía mediante una imagen que se ha convertido en una de las más citadas de la historia del pensamiento.
«La lechuza de Minerva emprende su vuelo solo al caer el crepúsculo»
Berlín y el desenlace
Durante los años berlineses, Hegel impartió además ciclos de lecciones sobre estética, filosofía de la historia, filosofía de la religión e historia de la filosofía que nunca preparó para su publicación en vida, y que discípulos como Eduard Gans y Karl Ludwig Michelet reconstruyeron después de su muerte a partir de apuntes propios y ajenos, dentro del proyecto editorial conocido como la edición de los amigos. Esa circunstancia explica que buena parte de la obra hegeliana más difundida, incluidas sus reflexiones sobre el arte o el sentido de la historia universal, proceda en realidad de una mediación editorial posterior y no de textos redactados directamente por el propio Hegel para la imprenta.
Hegel murió en Berlín el 14 de noviembre de 1831, oficialmente víctima de la epidemia de cólera que ese año asolaba buena parte de Europa. Algunos biógrafos recientes, entre ellos Terry Pinkard, han señalado que el diagnóstico se emitió con la premura propia del pánico epidémico y que ciertos rasgos de su enfermedad final resultan poco compatibles con un cuadro clásico de cólera, sin que exista hoy consenso sobre la causa exacta de su muerte. Fue enterrado, conforme a su propio deseo, junto a la tumba de Fichte en el cementerio de Dorotheenstadt.
La escuela que dejó tras de sí se escindió pronto entre una derecha hegeliana, fiel a la lectura religiosa y conservadora de su sistema, y una izquierda hegeliana, integrada por autores como Ludwig Feuerbach, Bruno Bauer y, poco después, Karl Marx, que conservaron el método dialéctico mientras invertían radicalmente sus conclusiones metafísicas y políticas. Esa bifurcación, más que una simple disputa académica, revela hasta qué punto el edificio conceptual construido por Hegel resultó lo bastante vasto como para albergar en su interior las lecturas más opuestas sobre el sentido último de la historia y de la razón.








