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Biografías

Charles Bukowski, tres décadas de fracaso antes de la fama

Entre la publicación de su primer relato en 1944 y el contrato que le permitió vivir de la escritura en 1969 transcurrieron veinticinco años, la mayor parte de ellos de silencio, alcohol y trabajos precarios. La biografía de Bukowski explica, mejor que cualquier análisis literario, por qué escribió lo que escribió.

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Charles Bukowski, tres décadas de fracaso antes de la fama
Charles Bukowski, en un programa de televisión francés de 1978.Ulf Andersen (HULTON ARCHIVE / Getty Images)

Entre 1944, año en que Charles Bukowski publicó su primer relato, y 1969, año en que un editor le ofreció un sueldo mensual a cambio de que abandonara su empleo de funcionario postal, transcurrieron veinticinco años. Durante buena parte de ese cuarto de siglo, Bukowski no fue un escritor en ciernes que pulía pacientemente su oficio, sino un hombre que había dejado de escribir por completo, convencido de que la literatura no tenía lugar para alguien como él. Esa distancia entre el fracaso prolongado y el reconocimiento tardío, más que ninguna virtud estilística concreta, es la clave que permite entender tanto el contenido como el tono de la obra que terminaría por convertirlo en una de las voces más leídas de la narrativa y la poesía estadounidenses del siglo XX.

De Andernach a la Depresión de Los Ángeles

Bukowski nació en Andernach, en la región alemana de Renania-Palatinado, hijo de un sargento del ejército estadounidense destinado en la Alemania ocupada tras la Primera Guerra Mundial y de Katharina Fett, una costurera alemana. La familia emigró a Estados Unidos cuando el niño tenía tres años, y se instaló finalmente en Los Ángeles, ciudad con la que la obra de Bukowski quedaría asociada de manera casi inseparable. Los años de la Gran Depresión golpearon con dureza al hogar familiar, su padre, Henry Bukowski, permanecía desempleado durante largos periodos, aunque salía cada mañana fingiendo ir al trabajo para ocultar la situación ante los vecinos, y descargaba esa frustración en castigos físicos sistemáticos hacia su hijo, a menudo por faltas domésticas mínimas.

A esa violencia doméstica se sumó, hacia los trece años, el desarrollo de un acné quístico severo que cubrió el rostro, la espalda y el torso del joven Bukowski de forúnculos, y que requirió tratamientos dolorosos en el hospital público de la ciudad. El aislamiento social que provocó esa desfiguración física, sumado al acento alemán que arrastraba de la infancia y que motivó burlas constantes entre sus compañeros, consolidó en él una identidad de marginado que nunca abandonaría del todo, ni siquiera después de alcanzar el reconocimiento literario. Fue precisamente en ese periodo cuando Bukowski encontró en la Biblioteca Pública de Los Ángeles un refugio frente a la hostilidad de su entorno, y donde descubrió, entre otros autores, a John Fante, cuya novela Pregúntale al polvo reconocería después como una de sus influencias decisivas.

Diez años de silencio literario

Tras graduarse en Los Angeles High School, Bukowski asistió durante dos años a Los Angeles City College, donde cursó materias de arte, periodismo y literatura sin llegar a obtener un título. En 1941 abandonó tanto los estudios como el hogar familiar, después de que su padre, al leer algunos de sus relatos, arrojara sus pertenencias a la calle. Se trasladó brevemente a Nueva York con la intención de convertirse en escritor, y en 1944, con veinticuatro años, logró publicar su primer relato, Aftermath of a Lengthy Rejection Slip, en la revista Story. Un segundo relato aparecería al año siguiente en la publicación Portfolio, pero ninguno de los dos textos generó el reconocimiento que Bukowski esperaba.

Desalentado por la sucesión de rechazos editoriales, Bukowski dejó de escribir por completo hacia 1946 y emprendió casi una década de vida errante por distintas ciudades de Estados Unidos, sosteniéndose con trabajos ocasionales como lavaplatos, cargador, operario de fábrica o repartidor, y viviendo en pensiones baratas mientras profundizaba un alcoholismo que se remontaba a la adolescencia. Ese mismo año de 1946 conoció en un bar de Los Ángeles a Jane Cooney Baker, una mujer mayor que él con quien mantendría, de forma intermitente, la relación sentimental más significativa de su vida adulta temprana. El punto de inflexión de ese periodo llegó en la primavera de 1955, cuando Bukowski despertó en el pabellón de caridad del hospital del condado de Los Ángeles tras una hemorragia casi mortal provocada por una úlcera, consecuencia directa de años de consumo excesivo de alcohol. Al salir del hospital, retomó la escritura, esta vez centrada en la poesía.

El funcionario que escribía de noche

Ese mismo año de 1955, Bukowski contrajo matrimonio con la poeta tejana Barbara Frye, con quien había mantenido correspondencia sin haberla conocido en persona; el matrimonio, marcado por el desajuste de temperamentos entre ambos, terminó en divorcio en marzo de 1958. Tras la separación, Bukowski retomó su relación intermitente con Jane Cooney Baker, cuya muerte, el 22 de enero de 1962, lo sumió en una devastación que canalizó en algunos de sus poemas más recordados, entre ellos Para Jane, con todo el amor que tuve, que no fue suficiente. Biógrafos como Jory Sherman han señalado a Jane como la más importante de las numerosas figuras femeninas que inspirarían la obra de Bukowski a lo largo de las décadas siguientes.

En paralelo a esa vida sentimental turbulenta, Bukowski sostenía desde 1960 un empleo estable como empleado de clasificación de correspondencia en el servicio postal de Los Ángeles, puesto que ocuparía durante más de una década y que le proporcionó, según ha señalado la crítica biográfica, una seguridad económica relativa de la que había carecido en los años anteriores. Fue también en esa década cuando su obra comenzó a circular en el circuito de la pequeña prensa independiente, con la publicación de Flower, Fist and Bestial Wail en 1960 y de It Catches My Heart in Its Hands en 1963, este último recibido con elogios por el poeta y crítico Kenneth Rexroth en las páginas del New York Times. En 1964 nació su única hija, Marina Louise, fruto de su relación con Frances Smith, y desde 1967 Bukowski firmó la columna Notes of a Dirty Old Man en el periódico underground Open City, un espacio que le permitió ensayar la voz coloquial y provocadora que terminaría por definir el conjunto de su obra.

El pacto con John Martin

El giro decisivo llegó en 1969, cuando John Martin, fundador de la recién creada Black Sparrow Press, le ofreció a Bukowski una asignación mensual de cien dólares de por vida a cambio de que abandonara su empleo postal y se dedicara exclusivamente a escribir. Bukowski, entonces con cuarenta y nueve años, aceptó, y explicó su decisión en una carta con una fórmula que resumía toda una vida de disyuntivas

["tengo dos opciones, quedarme en el correo y volverme loco... o quedarme aquí afuera y jugar al escritor y morirme de hambre"]

A partir de ese momento, la producción literaria de Bukowski se aceleró de forma notable. Escribió Cartero en apenas tres semanas, publicada en 1971, seguida de Factótum (1975), Mujeres (1978) y La senda del perdedor (1982), además de numerosos poemarios entre los que se cuenta El amor es un perro del infierno (1977), escrito durante los años de su tormentosa relación con la escultora Linda King. En 1985 contrajo matrimonio con Linda Lee Beighle, propietaria de una tienda de alimentación saludable en la que se habían conocido, y con quien permanecería hasta el final de su vida. Dos años más tarde, en 1987, el director Barbet Schroeder llevó al cine Barfly, guion escrito por el propio Bukowski a partir de sus años de relación con Jane Cooney Baker, con Mickey Rourke en el papel de Henry Chinaski y Faye Dunaway en el de Wanda.

Bukowski murió de leucemia el 9 de marzo de 1994 en San Pedro, California, apenas semanas después de completar el manuscrito de su última novela, Pulp, publicada de forma póstuma ese mismo año. Para entonces había publicado varias decenas de libros entre poesía, novela y relato, una cifra que contrasta de manera elocuente con el cuarto de siglo de silencio y rechazo editorial que había atravesado antes de que John Martin decidiera apostar por él. Esa trayectoria, la de un escritor que alcanzó su madurez creativa muy tarde y desde los márgenes más precarios de la sociedad estadounidense, sigue siendo hoy la clave interpretativa más citada por la crítica para explicar tanto la crudeza como la honestidad poco frecuente que atraviesan el conjunto de su obra.