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Biografía de un libro de poemas

El amor es un perro del infierno, el Bukowski que habla sin máscara

Publicado en 1977, este volumen reúne tres años de poemas escritos en primera persona, sin la mediación de Henry Chinaski, durante el tramo más turbulento de la relación de Bukowski con la escultora Linda King. Es, probablemente, el documento más directo que dejó de sí mismo.

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El amor es un perro del infierno, el Bukowski que habla sin máscara
Portada de la primera edición en inglés de Love Is a Dog from Hell.Ilustración de Barbara Martin para Black Sparrow Press (1977)

En 1969, el editor John Martin le ofreció a Charles Bukowski cien dólares mensuales de por vida a cambio de que abandonara su empleo de dieciséis años en el servicio postal de Los Ángeles y se dedicara exclusivamente a escribir. Bukowski aceptó, y la apuesta de Martin, sostenida por la editorial que había fundado para ese único propósito, Black Sparrow Press, empezó a dar sus frutos justo en la década que siguió. El amor es un perro del infierno, publicado en 1977, reúne los poemas escritos entre 1974 y 1977, el tramo en el que esa apuesta editorial comenzó a traducirse en reconocimiento real, primero en Europa y después en su propio país. A diferencia de sus novelas, construidas sobre el alter ego Henry Chinaski, la poesía de Bukowski habla casi siempre en primera persona sin disfraz, lo que convierte a este volumen en uno de los testimonios más directos que dejó de esos años.

Los años de Linda King

El periodo que cubre el libro coincide casi por completo con la relación que Bukowski mantuvo con Linda King, escultora y poeta veinte años menor que él, a quien había conocido en 1970 cuando ella le propuso realizar un busto de su cabeza. La relación, descrita por biógrafos y por la propia King como volátil y en ocasiones violenta, incluyó episodios como la rotura de la nariz de King durante una discusión en 1971, así como rupturas y reconciliaciones sucesivas a lo largo de casi cinco años. Ese vínculo, roto de manera definitiva hacia mediados de la década, funciona como eje emocional de buena parte de los poemas, aunque el libro no se limita a narrar esa relación concreta, sino que la utiliza como punto de partida para una reflexión más amplia sobre el deseo, la traición y la soledad.

Conviene señalar que, en paralelo a esa turbulencia sentimental, la vida cotidiana de Bukowski atravesaba una transformación notable. Los poemas de sus primeros libros solían narrar las peripecias de un marginado social, mientras que los reunidos en este volumen se desplazan hacia un registro más meditativo, centrado en el hipódromo, las rutinas domésticas y una mirada progresivamente irónica sobre su propio envejecimiento. Ese cambio de tono resulta coherente con la posición que Bukowski empezaba a ocupar, todavía un escritor marginal publicado por editoriales pequeñas, pero ya con entrevistas en medios como Rolling Stone y una reputación creciente en Alemania, país donde había nacido y donde su obra encontraría una recepción especialmente entusiasta.

La arquitectura de un libro sobre el desamor

El volumen se organiza en cuatro partes que no siguen una progresión narrativa estricta, sino que alternan poemas breves, de apenas media página, con piezas más extensas de aliento casi narrativo. Esa variación formal permite a Bukowski moverse con soltura entre el epigrama cínico y la reflexión sostenida, sin que el conjunto pierda coherencia de tono. El título mismo, que remite a la imagen de un perro infernal apostado junto al amor como quien vigila la entrada de un vertedero, funciona como declaración de principios para todo el libro, el amor no aparece nunca como refugio, sino como una fuerza que acecha y que exige un peaje.

Dentro de esa arquitectura, conviven dos registros que la crítica en lengua española ha señalado como el sello distintivo de la escritura de Bukowski, la vulgaridad deliberada del lenguaje cotidiano y un oficio poético considerablemente más depurado de lo que su reputación de escritor desaliñado sugiere. Poemas como The Crunch, en el que Bukowski describe una soledad tan extendida que resulta visible en el movimiento lento de las manecillas de un reloj, muestran esa capacidad de condensar una observación social amplia en una sola imagen doméstica, sin que el registro coloquial reste precisión a la idea. Esa misma economía de recursos aparece en los poemas dedicados al desamor, donde la queja personal se transforma con frecuencia en una observación más general sobre la incapacidad humana de tratarse bien unos a otros.

Entre la ternura y la provocación, un balance crítico

La recepción del libro, tanto en su momento como en las relecturas posteriores, ha sido notablemente dividida, y esa división resulta reveladora del propio material que Bukowski puso sobre la página. Buena parte de los lectores y críticos lo sitúan entre lo mejor de su producción poética, subrayando su capacidad para alternar la ternura y la crudeza sin caer en el sentimentalismo, y para convertir episodios de humillación personal en poemas de una honestidad poco habitual en la poesía confesional de la época. Al mismo tiempo, una parte creciente de la crítica contemporánea ha señalado que varios poemas del volumen reflejan actitudes abiertamente hostiles hacia las mujeres, en línea con el debate más amplio que rodea al conjunto de la obra de Bukowski, y que ninguna lectura seria del libro puede pasar por alto.

Esa tensión entre el reconocimiento literario y la incomodidad ética que suscitan ciertos pasajes no resulta ajena al propio proyecto del libro. Bukowski nunca buscó en estos poemas la simpatía del lector ni una versión favorecida de sí mismo, y esa negativa a suavizar su propia imagen, con sus lados generosos y sus lados abiertamente reprobables, es en buena medida lo que distingue a El amor es un perro del infierno de una colección de poemas de amor convencional. El título del libro, tomado de un verso hallado dentro de sus propias páginas, terminaría prestando su nombre años después a una película belga de 1987 dirigida por Dominique Deruddere, aunque basada en un relato distinto de Bukowski, señal de la fuerza con la que esa imagen del amor como criatura infernal se instaló en el imaginario asociado a su obra.

La edición española, publicada por Visor Libros en 2016 dentro de su colección Visor de Poesía con traducción de Ciro Arbós Moya, llegó casi cuarenta años después de la publicación original, un desfase que refleja una realidad editorial más amplia, la narrativa de Bukowski, publicada en España sobre todo por Anagrama, ha circulado durante décadas con mucha más amplitud que su poesía, pese a que fue precisamente como poeta como Bukowski se inició y como prefirió, según declaró en más de una ocasión, ser recordado. Leído hoy, El amor es un perro del infierno funciona como el registro de un escritor a medio camino entre el anonimato y la fama, todavía capaz de escribir sin calcular el efecto de sus palabras, una condición que el propio éxito posterior de Bukowski haría cada vez más difícil de sostener.